La ciencia argentina se moviliza ante un desguace que ya comenzó

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Desde antes de que el gobierno libertario aumiera, el Conicet ya estaba en la mira. En el presente, aunque las promesas de privatizarlo primero –realizadas por Javier Milei– y de cerrarlo después –del diputado Alberto «Bertie» Benegas Lynch– no sucedieron, se vislumbran acciones concretas de desfinanciamiento que atacan la producción del conocimiento autóctono en Argentina. Un panorama similar enfrentan las universidades nacionales, a las que se les congeló el presupuesto y se las obligará a funcionar con el mismo dinero asignado en 2023. 

Frente a ello, científicos y universitarios no se quedan de brazos cruzados y, ante la asfixia presupuestaria que ya se siente, las primeras resistencias adquieren forma. Las estrategias tradicionales vinculadas a movilizaciones en las calles y paros –como el que el Frente Sindical Universitario prevé para el 14 de marzo–, se complementan con iniciativas digitales que, estiman, pueden servir para llegar a otros públicos “a los que el corte de calle ya no los conmueve”. 

Este miércoles, trabajadores del Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME) y el Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular (INGEBI) del Conicet organizaron un banderazo “en defensa de la ciencia argentina”. 

Por intermedio de un comunicado señalaron: «El congelamiento del presupuesto para el mantenimiento y funcionamiento de los institutos, el achicamiento del financiamiento para los proyectos de investigación, la falta de asignación de autoridades en organismos de CyT, la devaluación de los salarios, la reducción en el número de becas doctorales, el aumento de la precarización del personal técnico-administrativo, la incertidumbre y falta de información respecto de las becas de investigación, entre otras medidas del gobierno actual, hacen que la viabilidad del sistema científico nacional corra serio peligro en el corto plazo«. Entre ambos Institutos radicados en CABA, desarrollan sus tareas más de 270 trabajadores becarios, investigadores, técnicos y administrativos.

En apenas dos meses, el desguace en la institución de ciencia más prestigiosa de Latinoamérica se concreta. De 1600 becas, el Conicet solo entregará 900 plazas, que no comenzarán en abril –como es costumbre– sino en agosto. Además, no se anunciaron nuevas promociones de los investigadores que ya están en carrera, se despidieron a 49 administrativos y 1200 más podrían correr la misma suerte. Asimismo, al no recibir fondos, los laboratorios podrían cerrar sus puertas, al no estar en condiciones de afrontar gastos corrientes como luz, gas y seguridad.

En paralelo, para complementar el banderazo, desde la Red de Autoridades de Institutos de Ciencia y Tecnología (Raicyt), impulsaron una “Twitteada nacional” contra la destrucción del sistema científico y tecnológico argentino. El propósito, en este caso, es exhibir el reclamo también en las redes sociales, un escenario complejo hegemonizado por las ideas oficialistas de descrédito y deslegitimación de la ciencia local. La Raicyt es la Red en la que destacan voces como la de Jorge Geffner, inmunólogo de protagonismo durante la pandemia de coronavirus.

Un mapa de reclamos

La preocupación por el presente y el futuro de la ciencia argentina no es solo local. Investigadores del exterior de la talla de Sir Gregory Winter (Nobel de Química 2018), Harold Varmus (Nobel de Medicina 1989), David Julius (Nobel de Química 2021), Stanley Plotkin (codesarrollador de la vacuna contra la rubéola y una de las principales autoridades mundiales en vacunas) y Teun Van Dijk (lingüista co-fundador del análisis crítico del discurso), entre decenas de figuras del exterior exhibieron sus críticas frente al ajuste que plantea el gobierno.

Así, un grupo de investigadores autoconvocados del Conicet aprovechó los apoyos provenientes de diferentes latitudes y amplió la visibilidad de estas voces a partir de un mapa interactivo. En él pueden hallarse, organizadas por el lugar de trabajo de los adherentes, las distintas expresiones en forma de videos y cartas. Asimismo, hay un canal de YouTube en los que se puede acceder a los diferentes videos.

Como si fuera poco, comenzó a circular una carta redactada por ingresantes a la Carrera del Personal de Apoyo (CPA) del Conicet. En el texto, reclaman la efectivización de los nombramientos de, al menos, 84 personas entre profesionales y técnicos. Solicitan una “pronta resolución sobre los cargos concursados durante los años 2022 y 2023”. La demora en la designación, apuntan, “ha generado consecuencias significativas para los ingresantes”. Algunos de los damnificados ya están trabajando en el organismo desde enero de 2024 sin percibir salario, y tuvieron que renunciar a sus trabajos, mudarse dentro del país o desde otras partes del mundo sin tener certezas sobre el resultado del proceso.

Las clases en suspenso

Las universidades también afrontan una situación parecida a la que enfrentan los organismos científicos y tecnológicos. Al disponer del mismo presupuesto que contaban en 2023, inflación de 250 por ciento interanual mediante, solo podrán funcionar hasta junio en el mejor de los casos. Bajo esta premisa y una paritaria congelada para trabajadores docentes y no docentes, el Frente Sindical de las Universidades Nacionales convocó a un paro de 24 horas, sin asistencia a los lugares de trabajo, para el próximo jueves 14 de marzo.

“Las trabajadoras/es de las universidades nacionales hemos perdido más de un 50 por ciento del salario desde diciembre 2023. Por otra parte el Gobierno Nacional tergiversa el sentido básico de una paritaria y no ofrece las garantías mínimas de un espacio de negociación que permita dar respuesta a nuestras demandas. Esta actitud en las paritarias es correlativa al ataque del Gobierno Nacional a las organizaciones sindicales y los derechos laborales. Es importante remarcar que la educación es un derecho, no un servicio”, anunciaron mediante un comunicado.

Si bien desde algunas instituciones universitarias afirmaron que el inicio de clases –previsto para el próximo lunes 11– no corre ningún riesgo; desde otras casas de estudio pusieron en duda el comienzo del ciclo lectivo en estas condiciones. En la calle o en las redes sociales, el campo científico y universitario comienza a organizar sus primeras formas de resistencia. 

El acceso al conocimiento es un derecho básico que no puede ser arrebatado por ningún gobierno de turno, dicen quienes resisten. Habrá que ver qué pasa. 

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