Un cielo abierto para la libre competencia

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De manera reciente, la Jefatura de Gabinete de Ministros anunció, a través de sus redes sociales, que “Argentina tendrá servicio de internet vía satelital”. Starlink, Amazon Kuiper y One Web son las primeras empresas extranjeras habilitadas por el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom) para operar en el país. A través de un mensaje optimista, el gobierno indicó: “La medida busca que Argentina vuelva a ser líder de la región en telecomunicaciones. Seguimos avanzando en tener más libertad, más inversión y más competencia”. Sin embargo, valen algunos interrogantes: ¿cómo podría impactar esta decisión en Arsat y otros proyectos locales? La apertura del mercado, ¿es necesariamente una mala noticia para el país? Ventajas y desventajas de un acontecimiento que podría cambiar el futuro del rubro.

A través de las resoluciones publicadas en el Boletín Oficial, el país completa el esquema de acceso a internet a través de diferentes canales: vía móvil, fibra óptica y satelital. Con esta novedad, se abre una era de provisión de servicios que demanda poca infraestructura: será posible prescindir de antenas, cables y postes, y un equipamiento que, para los usuarios, requiere de una sencilla instalación. Así lo refirió Enacom: “Con esta decisión, iniciamos un camino de apertura tecnológica con mayor cantidad de alternativas para conectar a todas las personas y empresas que operan en el país aún en lugares remotos, generando una mayor competencia entre los distintos actores del mercado. Los usuarios podrán seleccionar más y mejores servicios digitales con altos estándares de calidad en toda la Argentina”.

Starlink es una de las tantas compañías que pertenece a Elon Musk, el empresario sudafricano que desde el 10 de diciembre ha demostrado estar en sintonía con Javier Milei. Los intercambios amistosos y gestos de aprobación en redes sociales dejaron el plano discursivo y pasaron a la acción a partir del mega DNU, aún vigente. En la norma, se destacaba un artículo especialmente interesante para Musk y compañía, en la medida en que habilitaba para operar en el cielo local. Básicamente, desregula los servicios de internet con el propósito de “permitir la competencia de empresas extranjeras” y garantizar que la “provisión de facilidades de los sistemas satelitales de comunicación sea libre”. Así es como junto con Starlink, Amazon Kuiper y One Web ya obtuvieron los permisos correspondientes.

“Hay que pensar que las tres empresas van a competir entre sí. Sus satélites orbitan a una altura más baja, y por lo tanto prestan un servicio de mejor calidad y con menor latencia que otras que también lo hacen por vía satelital. Además, operan en lugares geográficos que no son beneficiados por el mercado ya establecido”, apunta Agustín Espada, investigador del Conicet en el Centro de Industrias Culturales y Espacio Público de la Universidad Nacional de Quilmes. Luego ofrece su perspectiva: “En algún punto es una buena noticia. Tampoco es que a Starlink se le está dando un acceso monopólico al mercado”.

A su turno, Natalia Zuazo, especialista en tecnología y política comenta: “Claramente, el gobierno busca beneficiar a Elon Musk. Como las negociaciones para Starlink ya estaban avanzadas desde antes, el esfuerzo que el actual gobierno tiene que hacer para quedar bien es un esfuerzo muy menor. Es un costo muy bajo para un gesto grande”.

Para profundizar los vínculos con el establishment, según se ha anunciado, aún continúan las conversaciones para ultimar detalles y que una cumbre de empresarios del sector tecnológico tenga lugar en Argentina. La novedad radica en que el dueño de Tesla y la red social X podría llegar al país, reunirse con Milei y concretar acuerdos en otros rubros que también interesan. El litio del que dispone el norte atrae especialmente al magnate: para desarrollar su empresa de autos eléctricos, el mineral tiene un rol preponderante al almacenar energía. De hecho, se dice que podría instalar una “mega fábrica” en Salta. Habrá que confirmarlo cuando suceda.

El cielo como campo de batalla

Uno de los grandes desafíos tecnológicos del siglo XXI pasa por el escenario aeroespacial y las telecomunicaciones. A la conquista de la Luna y luego de Marte –que se proponen Estados Unidos, China y otras potencias, a través de sus agencias espaciales– también se acoplan objetivos intermedios, aunque no por ello menos rentables. Conquistar el cielo despierta mariposas en la panza y obliga a voltear el cuello hacia arriba a aquellos actores con poder real sobre las cosas. Las corporaciones y sus jinetes buscan conseguir los mejores lugares en una carrera que se revela infinita.

Starlink ofrece conectividad global, a través de una constelación de miles de satélites de órbita baja. Como apenas están a unos 550 kilómetros, la información viaja mucho más rápido a través de ondas electromagnéticas. Como contrapartida, para el usuario demanda una infraestructura muy sencilla que prescinde de cableado e instalaciones complejas. A la fecha, a partir de lanzamientos ininterrumpidos, la empresa inunda el firmamento: ya lanzó 4 mil artefactos de última generación para proporcionar internet de alta velocidad a millones de usuarios en todo el planeta. De hecho, son tantos que minan los cielos y muchas personas los confunden con OVNIS o se asustan frente a la posibilidad de meteoritos.

El proyecto Kuiper de Amazon –fundada por otro peso pesado, Jeff Bezos– se propone, en la misma línea, como una opción para alcanzar a comunidades en las que actualmente el servicio no llega, o bien, lo hace de manera deficiente. La novedad que presenta es el sistema de enlaces ópticos entre satélites, que utiliza láseres infrarrojos para transmitir datos. Así, la promesa es puntual: la información podría viajar un 30 por ciento más rápido de lo que en el presente sucede con internet de fibra óptica. Aunque corre detrás de Starlink, planea lanzar 3200 artefactos de cara al segundo semestre de este año.

One Web, por su parte, es una empresa fundada por Greg Wyler, cuya oficina central está en Londres. De acuerdo a lo detallado por el especialista en el rubro Enrique Carrier en una nota difundida en canal AR, se puede saber: “OneWeb, cuya empresa original entró en convocatoria de acreedores hace unos años (demorando su despliegue) cubre el hemisferio sur desde fines del 2023, por lo que se encuentra en la etapa inicial de su comercialización en la región. Obtuvo su licencia en julio del 2018”. Este privado también corre detrás de Starlink.

Como todo servicio, es muy probable que quienes quieran acceder al internet prestado por estas tres firmas extranjeras deban abonar una instalación (puede variar entre 500 y 600 dólares, según los precios disponibles en las webs) y luego las cuotas mensuales (que, de acuerdo a las promociones y latitudes, ofrecen precios muy variables: desde 50 a 130 dólares). Habrá que ver qué desarrollo tendrá el mercado y quienes podrán acceder frente a estos importes.

Desregular para servir

Desregular es un concepto que corre el riesgo de muchos otros: quiere decir tanto que, a menudo, no termina definiendo nada. Así lo entiende Zuazo: “Hay que ver qué entendemos por desregular. Soy de la idea que es necesario abrir mercados, pero que necesariamente se deben tener reglas para esas operaciones y quien lo hace suele ser el regulador local: los privados deben actuar según normas que fije el Estado y de acuerdo a los estándares técnicos que se definen en espacios internacionales. Por ejemplo, la Unión Internacional de Telecomunicaciones. Lo que quiero decir es que es un tema lo suficientemente complejo como para dejarlo en manos del mercado”.

La decisión de habilitar la llegada de Starlink, Amazon Kuiper y One Web, se suele pensar, podría perjudicar a Arsat, la empresa local que, desde hace casi 20 años, a partir de satélites geoestacionarios, brinda soluciones en el mismo sector. “No hablaría tanto de desregulación, sino de apertura del mercado en un segmento en donde Arsat compite con una tecnología que está quedando vieja. Mientras que las que ofrecen las nuevas empresas son satélites a baja altura (low earth orbit), los de Arsat son geoestacionarios. Lo que va a suceder, en este marco, es que la empresa argentina podría quedar en un rango muy marginal si no actualiza su flota. Si no se invierte en ella quedará competitivamente relegada”, señala Espada. De hecho, con el paso del tiempo desde su lanzamiento, la vida útil de Arsat I (2014) y II (2015) que inicialmente era de 15 años ya se ha reducido a la mitad.

Tantos las extranjeras como la compañía estatal argentina se proponen garantizar el acceso a zonas rurales, petroleras y pesqueras, entre otras áreas despobladas a las que aún no llegan los servicios de internet. Allí, aseguran los especialistas, estará la disputa y no con las compañías de telecomunicaciones que operan desde hace décadas y se reparten la torta de venta de servicio de internet a grandes poblaciones.

¿Más o menos democracia?

A priori, de manera lineal, también se podría pensar que habilitar la llegada de nuevos actores podría contribuir a democratizar el acceso a las telecomunicaciones por parte de la población. Zuazo, sin embargo, comparte sus matices. “Es bueno que lo productores del campo, por ejemplo, tengan un mejor acceso a internet, porque son opciones que antes no había. No es para mucha gente, por lo tanto, no hablaría de ‘democratizar’, sino que se brinda una opción más”.

Y continúa: “Este es un mercado nuevo que no está pensado para las zonas urbanas. Es para gente que habita zonas alejadas y quiere mejorar su conectividad. Además, se trata de un servicio caro. Con su llegada, se podría pensar que las cooperativas que ya prestan el servicio en el interior podrían beneficiarse de la llegada de Starlink y demás, en la medida en que podrían hacer acuerdos”.

La desregulación o la apertura del mercado –como corrigen los especialistas– que se advierte en todos los aspectos económicos también llega al rubro de las telecomunicaciones. La historia ya es conocida: si se habilita una feroz competencia sin ningún reparo ni intervención mediante, los actores más poderosos se comen a los débiles.

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