Es venezolano y compró el boleto más lujoso de American Airlines hacia Miami: pagó una fortuna

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El reconocido creador de contenido venezolano Oscar Alejandro decidió darse un gusto y vivir una experiencia de lujo: compró el boleto más costoso de American Airlines, que corresponde a la exclusiva cabina Flagship First, y viajó desde España hasta Miami, Florida. El vuelo (que duró nueve horas, contó con comodidades premium y un menú digno de un restaurante gourmet) le costó una fortuna: US$5115. “Valió cada centavo”, afirmó.

El punto de partida del viaje fue el Aeropuerto Internacional El Prat, en Barcelona. Oscar Alejandro, un influencer venezolano que se dedica a viajar por el mundo, mostró en su canal de Youtube cómo comenzó su experiencia de lujo al volar en la categoría Flagship First, la más costosa de American Airlines. Para empezar, no tuvo que hacer fila en los mostradores tradicionales, ya que contaba con un acceso prioritario, tanto en el check-in como en el control de seguridad.

“Definitivamente, me siento especial”, expresó al ingresar al área de Fast Track, donde completó los trámites en apenas cuatro minutos, un tiempo récord frente a la media de media hora que enfrentan los viajeros de clase económica.

Otro de los beneficios más destacados fue el acceso al lounge Joan Miró, un espacio exclusivo del aeropuerto con buffet libre, bebidas alcohólicas, sillones de descanso y estaciones para cargar dispositivos electrónicos. Allí degustó ensaladas, bocados calientes y hasta champán. “Me encanta. Vamos a brindar por esta experiencia de lujo con una copita”, señaló.

En este sector también destacó la posibilidad de acceder a diarios, revistas y espacios de trabajo, además de bebidas ilimitadas. Según explicó, los pasajeros de clase económica también pueden ingresar a estos salones si compran un pase que suele costar entre US$45 y US$60.

El vuelo se realizó en un Boeing 787-800 Dreamliner con capacidad para 234 pasajeros. Al mostrar su boarding pass, el venezolano pasó por la fila número uno de embarque, reservada para clientes de primera clase.

Al ingresar, lo guiaron hacia la zona Flagship First. Su asiento fue el 2A. “¡Ah, qué maravilla!“, exclamó al llegar a su espacio, que incluía pantuflas, un kit de viaje con productos de aseo, auriculares de alta calidad y un control táctil para manejar el sistema de entretenimiento. Además, el asiento podía transformarse en una cama completa, con almohada y manta.

Oscar Alejandro, feliz en su asiento de la clase más alta de American AirlinesCaptura Youtube

A bordo, el pasajero recibió una copa de champán de bienvenida. Luego, el menú ofreció varias alternativas, todas de primer nivel: salmón ahumado como entrada, seguido de platos principales como salmón a la plancha, ternera cocinada a fuego lento, pollo de corral o un plato vegetariano de lentejas.

El venezolano eligió pescado. “Llegaba el momento más esperado y como te podrás imaginar estaba bien bueno. Así que, no se diga más, ¡buen provecho!”, dijo antes de destacar la calidad del servicio.

Minutos después, aceptó un segundo plato de cortesía: ternera con puré de coliflor y vegetales. El postre incluyó un helado tipo sundae con mousse de chocolate y una tabla de quesos como opción alternativa.

El influencer destacó la calidad del menú que disfrutó a bordoCaptura Youtube

Oscar también destacó el acceso a internet en pleno vuelo. El pase por el servicio costaba US$9 o 1000 millas. El influencer eligió la segunda opción y comprobó la velocidad de conexión, que alcanzó los 102 Mb por segundo. Esto le permitió navegar en Instagram y reproducir videos en YouTube sin inconvenientes durante el viaje, detalló.

También probó el sistema de entretenimiento en pantalla táctil, con películas, series y mapas en tiempo real. En un momento, reclinó el asiento hasta convertirlo en cama y utilizó un antifaz para descansar durante el cruce del Atlántico.

Tras descansar un rato, Oscar mostró cómo era el baño de la sección premium. Contó que era más amplio que el de clase económica, pero que no resultó ser tan lujoso como esperaba: tenía espejo doble, jabón y una mesa para cambiar bebés.

Otro detalle que le resultó curioso del avión fue la tecnología de las ventanillas: no se cierran con persianas, sino que se oscurecen de forma electrónica para regular la entrada de luz.

Durante el vuelo, además de las comidas principales, el viajero relató que disfrutó de aperitivos, frutos secos y bebidas ilimitadas. También destacó el servicio de las tripulantes, que respondieron de inmediato a cada pedido. Antes de finalizar, reveló que había pagado US$5115 por el ticket, una cifra que multiplicaba por seis “lo que pagarías por un boleto regular”. Sin embargo, consideró que el servicio había estado a la altura del costo: “Claramente, sí vale la pena”.

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